Diez verdades incómodas

1. La vida humana promedio es relativamente corta. 

    Esto implica que aprendas a vivir en urgencia, no en emergencia pero si con la conciencia de que tienes poco tiempo para hacer lo que quieras hacer y lo que no hayas hecho hoy puede que ya no lo hagas nunca.
 
    Como Richard Solomon dijo, el 82% de los pacientes diagnosticados con cáncer terminal se curan de su neurosis en un periodo de una semana aproximadamente. Esto quiere decir que cuando una persona sabe que le queda poco tiempo deja de perderlo y hace las cosas, vive. No necesitas un diagnóstico terminal para entender esta gran verdad. Tu vida es corta, vívela.

2. Únicamente vivirás la vida que creas para ti mismo(a).

    Muchas personas esperan que otros vengan a hacer la tarea por ellos: Si encuentro una pareja, mi vida será mejor, el gobierno debe de mejorar las condiciones de mi vida, si Dios quiere todo mejorará, o mis padres debieron hacer las cosas diferentes. Entiendo que hay factores externos que nos influyen pero al final la responsabilidad de vivir adecuadamente es únicamente nuestra.

3. Estar ocupado(a) no quiere necesariamente decir ser productivo(a).

    Cuántas personas conoces (tal vez tu mismo) que corren todo el día, que viven en una vorágine de eventos diarios, comenzando a las cinco de la mañana, y terminando pasadas las doce de la noche. Van a la cama con un cansancio extremo para volver a hacerlo todo mañana por la mañana. Esto no es vivir, es transcurrir, pasar el tiempo, correr sin disfrute, sin conciencia, sin presencia. Nadie va a recordar lo que hiciste, pero si el tiempo que pasaron contigo y lo que les hiciste sentir.

4. Algún tipo de fracaso normalmente ocurre antes del éxito.

    La generalidad de las personas pierden mucho tiempo por miedo al fracaso, al error, a equivocarse. Esto los lleva a una estáis en donde ni siquiera se dan la oportunidad de intentar algo. La zona segura, la zona de confort es el único lugar donde no pasa nada. Tu vida, tus objetivos están afuera de esta zona y seguramente te equivocarás para conseguirlos, pero eso no es motivo para no hacer el intento.

5. Pensarlo y hacerlo son dos cosas bastante diferentes.

    ¿Eres una persona llena de planes y proyectos? ¿Tienes varias tareas para el futuro? "Cuando me retire voy a...", "cuando logre mi asenso voy a...", "cómo me gustaría tener mi propio negocio". Cuántos planes tienes en el tintero. Los planes en el tintero no se disfrutan, no nos ayudan a ser mejores ni a crecer o madurar. Los planes en si son nada, busca resultados, no planes.

6. No es necesario esperar una disculpa para poder perdonar.

La retribución debe venir de tu interior, no del exterior. El no recibir una disculpa no es motivo suficiente para permanecer en el enojo y la amargura. Si este es tu enfoque, incluso con las disculpas y retribuciones seguirás en el enojo. El enojo sostenido empobrece, empobrece tu vida, tu bolsillo, tus relaciones, tu bienestar. Aprende a perdonar en la soledad de tu propio silencio, ese es el lugar más importante.

7. Algunas personas son simplemente la coincidencia incorrecta para ti.

Es importante reconocer que algunas relaciones no nos hacen bien. No logran sacar lo mejor de nosotros, incluso al contrario, favorecen nuestras zonas oscuras. Lo importante aquí es reconocer que el resultado es una co-construcción, que ambos generamos este vínculo y el cómo nos hace sentir y lograr separarnos en amor, entendiendo que es lo mejor para ambas partes.

8. No es trabajo de los demás el amarte; es TU trabajo.

Los sentimientos de dependencia sobrevienen del desconocimiento de esta constante. Cuando una persona no se ama, depende del entorno para sentirse bien consigo misma, por ende se vuelve exigente. En un punto de sobre exigencia, las relaciones tienden a romperse. El primer y mejor reconocimiento debe venir de ti, nadie más tiene la obligación de entenderte, acompañarte o quererte, las personas que se aman a sí mismas se vuelven imanes de amor a su vez.

9. Lo que tienes no es lo que ERES.

La búsqueda de posesiones personales como medio de reconocimiento únicamente genera una dinámica de rapiña, de barril sin fondo en donde nunca se tiene suficiente y siempre se vive con un vacío. La vida se mide en términos de satisfacción, las cosas materiales nunca te la darán.

10. Todo cambia, cada segundo.

La mayoría busca certezas, seguridades. Tener una casa propia, un trabajo estable, dinero en el banco o una relación duradera para tener la sensación de permanencia y seguridad. La realidad de las cosas es que no hay nada seguro. Debemos tener conciencia no solo de que todo puede cambiar, sino de que todo va a cambiar. Ya sea en un año, una década o en un instante, nada, y en esto de verdad no estoy exagerando cuando digo nada, nada, absolutamente nada es permanente. No te aferres a las cosas, situaciones o personas, todo va a cambiar.

La Comodidad, madre de todos los vicios

El ser humano es carente. El estado de equilibrio de un ser humano es breve, siempre se rompe por alguna necesidad: ahora tiene sueño, ahora tiene hambre, ahora desea un trabajo más trascendente, ahora desea una pareja, etc. La mayoría de las veces las personas buscan su equilibrio a través de la ley del menor esfuerzo, sin embargo, lograr nuestros objetivos a través de esforzarnos menos no nos lleva a la satisfacción.

Mucho se ha estudiado sobre este fenómeno. Las disciplinas orientales como Sikh Dharma lo refieren: aquello que completa al hombre y lo hace realmente feliz es el dominio de sus deseos y pasiones, el camino de la Yoga, es decir, el de la disciplina, el trabajo, el dominio de la conciencia sobre el cuerpo y la disminución del ego. La Kabbalah, otra disciplina oriental de más de 2,000 años de antigüedad explica que una sensación de bienestar sostenido depende del trabajo constante para remover el pan de la vergüenza, que no es otra cosa que la sensación de disonancia que experimentamos cuando recibimos algo que no nos hemos ganado.

En años posteriores, Sigmund Freud habló del principio del placer (es decir, el de la satisfacción inmediata) como eje rector de la conducta infantil, mismo que es suplantado o complementado por el principio de realidad, que implica una madurez en el sistema de creencias del individuo. Sin embargo, no todas las personas logran migrar al principio de realidad, y no todas las veces que se tiene una necesidad se renuncia al deseo de satisfacerla de manera inmediata y sin esfuerzo.

Si lo analizas, querido lector, es la comodidad y nuestra profunda adicción a ella lo que nos hace egoístas. La elección del camino más fácil produce las mentiras, transgresiones, robos, crímenes, violaciones, abusos en la comida, bebida, descanso, fiesta. Es la comodidad la que nos hace flojos, improductivos, lo que nos pierde en la queja, la preocupación, la pobreza. Es más fácil quejarse que construir, es más fácil preocuparse que tener confianza, es más fácil pedir que construir. Todos deseamos una vida sencilla, sin prisas, sin esfuerzo, algunos lo consiguen, pero el estado de bienestar que experimentan es normalmente frágil y poco duradero.

Las personas altamente productivas tienen hábitos de trabajo y disciplina notables, las sociedades trabajadoras y disciplinadas son las más exitosas, ejemplos como Alemania y Suiza lo demuestran.

Es importante entonces reconocer la diferencia entre tener algo y poderse beneficiar de eso que se tiene. Por ejemplo: ¿cuántas personas tienen una situación económica boyante pero una vida llena de caos? ¿cuántos tienen una relación de pareja pero viven sumergidos en conflictos? No es lo mismo tener un privilegio y ser privilegiado, la diferencia, lo que nos permite extraer el beneficio de aquello que tenemos es el esfuerzo, la dignidad que acompaña el ganarnos las cosas, el buscar diariamente salir de la comodidad y el confort e ir al entorno dispuestos al esfuerzo.

Imagina como serían nuestras sociedades si todos eligiéramos una vida disciplinada y de esfuerzo, no sería fácil, claro que no, es justamente un esfuerzo, tendríamos como única tarea que combatir nuestra pereza, pero las personas cederían su asiento en el metro, nadie estaría pidiendo limosnas en el alto, se pagarían los impuestos cabalmente y las calles estarían bien pavimentadas. Nuestras ciudades serían limpias y seguras, viviríamos más serenos, la corrupción se abatiría... etc. Esta visión tal vez utópica es posible si comienzas a hacer tu parte.



La flexibilidad es salud

A lo largo de la historia de la psicología ha habido una amplia discusión alrededor de los conceptos de salud y enfermedad. Definirlos implica tomar diversos factores en consideración, entre los cuales se encuentran los cambios sociales, los avances tecnológicos y las tendencias mundiales en cuanto a educación, aprendizaje e incluso moda.

La visión gestátlica nos ofrece una oportunidad actualizada de comprender estos términos de manera sencilla y práctica:

Entendamos que la vida está hecha de retos. Cuando la vida nos arroja alguno nosotros utilizamos nuestros recursos internos para salir avante. A este ejercicio de adaptación se le conoce como ajuste creativo. Cabe aclarar que el ajuste es novedoso, como su nombre lo indica, no necesariamente funcional, por ende, hay ajustes más adaptativos que otros. 

Cuando un ajuste creativo nos parece de ayuda, tendemos a repetirlo. La repetición exhaustiva de un ajuste creativo lo convierte en una
 pauta de comportamiento y a su vez, la repetición exhaustiva de una pauta la convierte en un patrón. 

Los patrones son respuestas rígidas de comportamiento, que se convierten en reacciones automáticas frente a los estímulos del medio. Al ser entonces patrones rígidos y automáticos, nos privan de conciencia. Por muy funcional que haya resultado un ajuste creativo, cuando se convierte en patrón, obnubila la conciencia del individuo y por tanto resta participación alerta, capacidad de disfrute y de adaptación verdadera. 

Tomemos por ejemplo el hábito de la puntualidad. La mayoría de las personas opinarían que es un hábito saludable y constructivo. En algunos países diferentes del nuestro, la puntualidad es un valor que rige a la sociedad de manera importante. Supongamos que un ciudadano suizo o inglés viene a vivir a la Ciudad de México, y pronto se topa con que aquí las clases comienzan unos minutos después de la hora, la gente llega a sus citas 15 minutos tarde (fashionably late) y que cuando alguien se retrasa culpa al tráfico o a la longitud del trayecto en lugar de disculparse. Dependiendo del grado de rigidez en su puntualidad, esta persona puede comenzar a intolerarse con sus amigos y compañeros de trabajo, lo cual convierte al sujeto extranjero de nuestro ejemplo en la parte desadaptada de esta situación. Observemos que en la Ciudad de México dada su dimensión, cantidad de tráfico y falta de civismo, llegar siempre puntuales es un ejercicio que se antoja difícil. Amén de que los mexicanos no le damos importancia capital al tiempo. Muy aferrado en tener la razón, el extranjero atentará contra su bienestar si no está dispuesto a responder de manera flexible a la impuntualidad característica del mexicano. 

Lo que te quiero decir con este ejemplo es que la rigidez en cualquiera de sus formas, se convierte rápidamente en una fuente de malestar y por ende, en grados extremos, en patológica. Debe de existir una flexibilidad suficiente que nos permita adaptarnos a la novedad constante para que hablemos de salud mental. Cuando nos mantenemos flexibles, podemos asimilar lo novedoso de manera funcional.

Cierto grado de estructura es necesaria para que funcione la vida, pero la rigidez nunca será la solución. ¿Cómo encontrar la medida perfecta, entonces?

Hagamos caso de una frase que encontré hace unos años y que vive colgada de una pared en mi hogar y que entiendo es un perfecto resumen para lo que expongo en este texto:

"This home is clean enough to be healthy, and dirty enough to be happy".
 ("Este hogar es lo suficientemente limpio como para ser saludable y lo suficientemente sucio como para ser feliz"). 


Campaña: Si la vida te dona tapitas, no las tires, dona vida.

A toda la comunidad José Lévy:

A través de este espacio virtual me permito recordarles la campaña para apoyo a los niños con cáncer que consiste en la donación de artículos que normalmente consideraríamos como desecho. La colecta se hará hasta el día 11 de marzo del presente, invitando a los alumnos a donar los materiales en el orden que se explica a continuación:

Alumnos de Preescolar (primero, segundo y tercero): los invitamos a donar tapa roscas.

Alumnos de Primero de primaria: los invitamos a donar papel periódico.

Alumnos de Segundo de primaria: los invitamos a donar aritos de aluminio (de las latas de refresco).

Alumnos de Tercero de primaria: los invitamos a donar envases PET.

Alumnos de Cuarto de primaria: los invitamos a donar tapa roscas.

A los alumnos de Quinto y Sexto grados, los invitamos a apoyar la donación de cualquiera de los otros niveles educativos.

De igual modo, si sus familias cuentan con donaciones que apoyarían a grados diferentes de aquellos que cursan sus hijos, tengan claro que TODA donación es bienvenida.

Les agradecemos su atención y apoyo a esta noble causa.

¡Saludos!

Levyintegra.

El enojo y su fuente verdadera

El proceso evolutivo de las especies desarrolló la capacidad de sentir al momento que nos convertimos en organismos pluricelulares, con la finalidad de que el individuo pudiese detectar y atender sus necesidades, ya fueran estas de orden fisiológico, psicológico o de trascendencia.

En el marco evolutivo, la naturaleza en su extraordinaria organización dotó a los individuos de capacidades emocionales con la finalidad de la preservación de las especies, a decir, las emociones básicas: Enojo, Tristeza, Alegría, Miedo y Afecto. Cada una de estas emociones básicas, presentes en todas las especies animales, promueve la atención de necesidades particulares que de no observarse implicarían la muerte del individuo.

El enojo es una energía que experimenta el organismo que se vive en una situación donde la defensa es la única opción. Imaginemos a un león sin capacidad para enojarse, terminantemente no sobreviviría. No obstante, el león no vive permanentemente enojado. Para cualquier espectador de la vida natural (apoyémonos de los documentales de la naturaleza del animal planet), el león aparece casi permanentemente echado plácidamente en medio de la sabana. El león duerme, retoza y goza de una vida tranquila la mayor parte del tiempo. Las situaciones de enojo que enfrenta son las de invasión de su territorio, pelea por el derecho a aparearse con las hembras y la competencia alimenticia. Fuera de estas tres situaciones, el león vive una exigencia pausada. El enojo es una herramienta de supervivencia de las especies, es la energía de defensa.

¿Qué representa el enojo en nuestras sociedades actuales? Si somos realistas, ¿cuántas veces estamos en la situación de defendernos diariamente? ¿Entonces, por qué nos enojamos con tanta frecuencia e intensidad? El enojo evidentemente es la energía a través de la cual podemos poner límites. Una persona sin capacidad de enojarse será sometida irremediablemente al abuso de los individuos que le rodean, desde esta perspectiva el enojo se vuelve algo funcional. Sin embargo, ¿qué hay de las personas que viven enojadas la mayor parte de su jornada? Además de someterse a altos niveles de estrés, consecuencias fisiológicas de importancia y baja calidad de vida, las personas enojadas sofocan sus relaciones y saquean sus vínculos.

Si lo analizamos con detenimiento, nuestros enojos (fuera de las situaciones de defensa antes referidas) tienen que ver con nuestras expectativas. Por ejemplo: asumamos que me estaciono en una zona de parquímetros de la ciudad, deposito el dinero para cubrir mi estancia, cuando salgo noto que mi auto tiene el inmovilizador ya que me excedí 3 o 4 minutos. Automáticamente siento como un calor que se origina en mi estómago comienza a subir hasta la cabeza, se me crispan los puños, trabo la mandíbula, y con ojos inyectados comienzo a proferir insultos de lo más variopintos. Mientras echo espuma por la boca, hablo al control de multas, cubro el importe y espero impacientemente a que venga el encargado a retirar la "araña". Ya que llega lo fulmino con la mirada, sigue mi secuencia dado que ahora voy tarde a una entrevista, aprovecho para encararlo y decirle "lo que se merece". Me subo al auto y voy echando pestes a mi entrevista, llego, tengo un mal desempeño, me enojo aún más. En conclusión cuando llego a casa por la noche he tenido un día nefasto.

En este ejemplo lo que me enoja no es el inmovilizador en la llanta en sí mismo, es en realidad, que yo esperaba encontrar todo en orden y mi expectativa no se cumplió, la frustración experimentada por la distancia entre la realidad y lo que espero es lo que provoca mi respuesta agresiva. Esta es una observación sutil pero poderosa. El problema no es lo que pasa (externo) sino lo que yo esperaba (interno).

El enojo es hijo de la expectativa, siempre que esperemos algo y que este algo no se cumpla, vamos a conectar con esta energía. El enojo sostenido empobrece, empobrece nuestras vidas, nuestros bolsillos, nuestras relaciones, nuestra capacidad de disfrute. Te pido que reflexiones y que observes como detrás de todos tus se encuentra una expectativa que no se cumplió.

La solución.... deshacernos de las expectativas. En resumen, y así de simple. Sin embargo, representa un trabajo monumental. Yo te recomiendo empezar por reconocerlas. Ubica dónde se encuentran. Aquí espero esto, acá espero esto otro, en segundo lugar, pon tu expectativa a un lado y busca relacionarte con la experiencia presente, no con la deseada, esa ya no se cumplió. Ve al momento presente y trabaja en conciencia, el enojo desaparecerá de tus días gradualmente y accederás a una mayor calidad de vida.

Sobreprotección o exigencia

   Una de esas verdades incómodas, es que en las familias con más de un hijo, normalmente los padres manifiestan predilección por uno de ellos, aunque cuando un padre o madre sea cuestionado sobre el amor que les profesa a sus hijos, normalmente contestará que les ama con la misma intensidad y profundidad.

   Esto por supuesto es una gran mentira. El asunto es que admitir abiertamente su preferencia por alguno de sus hijos, deja en "desventaja" al resto, puede sumir al progenitor que haya proferido semejante declaración en un proceso culposo importante, amén de que lograría levantar más de una ceja enjuiciadora en cualquier situación social. Para evitarnos semejantes desplantes mejor decimos: los quiero igual, a todos mis hijos.

   Tener una afinidad o predilección por alguno de los hijos, no los hace malos padres, los hace humanos y es importante entender que la preferencia por alguno puede responder a un sin fin de razones; desde el parecido físico, la similitud en caracteres, las circunstancias de la concepción o el nacimiento, etc. Amar a los hijos es siempre un acto positivo y constructivo, sin embargo, puede convertirse en un problema cuando los padres no logran distinguir si su amor se convierte en exigencia.

   Para muchos hijos la preferencia de los padres es vivida como una carga. Dado que son los favoritos, son más requeridos que los demás, más exigidos que los demás, sometidos a procesos de culpa más intensos que los demás, se espera más de ellos que de sus hermanos, etc. Los padres suelen ser flexibles con ellos en cuanto al cumplimiento de reglas y la aplicación de castigos o consecuencias, pero más rígidos en cuanto al cumplimiento de responsabilidades y obligaciones o la satisfacción de expectativas.

   Dado que muchas de estas preferencias son debidas a similitudes de carácter o incluso fenotipo, es de esperar que los padres vean en sus hijos predilectos la posibilidad de cumplir algunas metas que se vieron truncadas en sus propias vidas. El logro de objetivos propios se vuelve entonces una obligación del hijo "predilecto". Es observable también que junto con esta exigencia, la capacidad de disfrute de los chicos disminuye, las probabilidades de fracaso (o la sola idea de fracaso) se incrementan.

   La salida de este circuito es la conciencia. Darnos cuenta de que existe este tipo de predilección y la búsqueda de la vivencia del amor en libertad. Los hijos NO son propiedad de los padres, los hijos tienen derecho a vivir su vida, cometer sus errores, fijar sus propias metas, a alejarse o acercarse desde el amor, no desde la culpa o el miedo y los padres deberían de ser los primeros impulsores de estas posibilidades.

   He escuchado muchas veces a padres de familia decir: "Mis hijos son unos ingratos", "mis hijos no quieren estar conmigo", "mis hijos me ven sólo como proveedor". Entones reclaman a los hijos una actitud desprendida, indiferente hacia ellos. Mi pregunta es: ¿Qué has hecho como padre para que tus hijos quieran estar contigo, te traten con gratitud y te vean como un guía, maestro, apoyo?

   Es importante que además del miedo, la culpa, las preguntas sin respuesta, las decisiones cerradas, las opiniones rígidas, las expectativas profundas, exista un proceso consciente en la construcción de la relación con los hijos. A fin de cuentas, hay que entender que como cualquier relación humana, el vínculo entre padres e hijos también requiere de trabajo, límites, amor y conciencia.
 

Enfermedades psicosomáticas

A finales del sigo XIX, cientos de mujeres acudían a los consultorios médicos aquejadas por síntomas objetivos sin causas o lesiones que los provocaran, por ejemplo, miembros paralizados sin daños a los nervios, cegueras sin problemas en el sistema ocular, hipersensibilidad permanente o bien adormecimiento de una extremidad, incluso catalepsias y perturbaciones por el estilo. Al no encontrar causas fisiológicas que justificasen estos síntomas,  la mayoría de los médicos de la época las descartaban (me refiero a las pacientes) como embusteras, buscando atención o bien engañar al respetado gremio médico.

Fue en ésta vorágine que apareció una voz que indicaba que no se trataban de embustes sino de experiencias reales, pero que las causas de la aparente enfermedad no eran físicas sino psicológicas. Esa fue la voz de Sigmund Freud, que comenzó a estudiar y tratar a estas pacientes con buenos resultados y de cuyo estudio se desprendió lo que después viniera a ser la teoría psicoanalítica, revolucionando el pensamiento y la comprensión de la vivencia humana hasta los tiempos modernos.

Después de Freud, mucho se ha hipotetizado sobre los problemas psicosomáticos (a decir, enfermedades físicas provocadas por conflictos emocionales), entre ellos resaltan los trabajos de Louise Hay, autora de "Tu puedes sanar tu vida", publicación que incluye un directorio de enfermedades, las posibles causas afectivas de ellas y los "decretos" o pensamientos propicios para combatirlas.

Hoy en día contamos con teorías más complejas y completas que las de Louise Hay, como es la Biodescodificación, cuyo paradigma indica que cualquier experiencia vivida de manera sorpresiva, en donde el individuo se sienta solo y sin solución aparente puede generar un estado de estrés conocido como "bioshock".  El bioshock sostenido durante un periodo significativo obligará al organismo a buscar una alternativa de alivio, a decir, una enfermedad.  El biodescodificador, se centra en descubrir cuál fue la experiencia "madre" que generó el bioshock para que con esa información, el enfermo acuda a un espacio terapéutico y logre una solución más funcional y adaptativa que le enfermedad.

Podemos ahondar mucho sobre las implicaciones de las enfermedades psicosomáticas, cuales son sus síntomas frecuentes y sus causas afectivas aparentes, sin embargo en esta ocasión solo te quiero compartir algunas conclusiones que me parecen de importancia:

1. No todas las enfermedades son psicosomáticas, algunas tienen causas meramente físicas y es importante poder establecer la diferencia al momento del diagnóstico, a riesgo de buscar tratar un mal cuando se trata de otro.

2. Cuando se confirma una enfermedad psicosomática, ésta no se va a retirar con "buenos pensamientos". Si hemos llegado al grado de depositar el conflicto en el organismo, tenemos que tratar al organismo forzosamente. Encontrar las raíces emocionales y buscar su solución ayuda, por supuesto. Sin embargo, no podemos esperar que la enfermedad física se resuelva únicamente a través de la transformación de conciencia. Es cierto que en el caso de las enfermedades psicosomáticas, la solución a nivel de afectos es un componente vital e inequívoco para la recuperación del enfermo, pero no el único y probablemente resultará insuficiente cuando se busque la remisión de la enfermedad. Cuando el cuerpo habla, hay que escucharlo, cuando enferma, hay que curarlo.

3. Cada día el paradigma médico nos indica con mayor energía que es un error ver el organismo como un ente separado de la conciencia, o incluso del alma, somos una unidad. Podemos asumir que cuando el cuerpo se enferma, expresa un conflicto que se verá reflejado en la conciencia y en el alma, y viceversa. El tratamiento integral deviene la opción más eficaz para la cura verdadera.

Para mayor información acerca de las causas de las enfermedades psicosomáticas te invito a consultar el libro mencionado renglones arriba, esperando como siempre que esta información sea de utilidad a tu vida y a la de aquellos que dependen de ti.


 
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